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¿Qué no comprendieron las encuestas? 3 Hipótesis cualitativas
Guido Lara, 24/Jul/2012
Agencia: LEXIA     Medio: LEXIA
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El promedio de las encuestas de casas encuestadoras serias y prestigiadas daban una amplia ventaja a EPN sobre AMLO. La diferencia promedio del resultado final fue casi 8 puntos porcentuales. La friolera de 4 millones de votos.

Estos 4 millones de votos representan un poco más de 10% de los electores que emitieron su voto y que fueron escurridizos a las mediciones.

Con la certeza que me da su amistad y el haber participado con mis colegas encuestadores en diversos proyectos y procesos gremiales meto mis manos al fuego por su integridad ética. Profesionales serios como Edmundo Berumen , Roy Campos y Marcelo Ortega, Ana Cristina Covarrubias o Paco Abundis por mencionar a destacados miembros de la AMAI deben sus carreras y su influencia al compromiso con su oficio y la incorruptibilidad de sus gráficas y tabulados.

Estoy seguro que Ciro Gomez Leyva expuso con arrojo su prestigio personal y el de Milenio con la confianza en la seriedad y profesionalismo de GEA-ISA.

Como tormenta perfecta, la falla en las encuestas favorece narrativas paranoicas y complotistas que minan la legitimad del proceso electoral y surten de parque a los francotiradores de la institucionalidad. No ayudará mucho intentar matizar este entuerto con posiciones defensivas sobre la limitación predictiva, los márgenes de error o los cambios mágicos hacia el día de la votación. La circunstancia exige actitud autocrítica y una revisión a fondo.

El problema no fue ético, el reto es metodológico.

Ya los encuestadores se están haciendo algunas de las preguntas metodológicas necesarias en materia de marco muestral, determinación de la población objetivo, simulación de la respuesta en urna, secuencia del cuestionario, fraseo y colocación de la pregunta electoral, incidentes en el trabajo de campo, modelos de ponderación, escenarios de votantes probables, tasas de participación, última fecha de levantamiento y publicación ¿se mide candidato o partido?, detección de ocultamiento del voto  y quizá la más importante de todas ¿Qué hay detrás de las tasas de no respuesta?

Con el ánimo de enriquecer el debate y contribuir al fortalecimiento del rol de los  estudios de opinión en nuestro proceso democrático, en LEXIA aventuramos tres hipótesis desde nuestra trinchera de expertos en métodos cualitativos aunada a nuestra experiencia acumulada durante tres elecciones presidenciales.

1.  Clima de desconfianza y la No respuesta

La mayoría de los mexicanos vivimos un clima generalizado de desconfianza. Desconfianza ante los políticos, las instituciones, los medios de comunicación, las casas encuestadoras y llevado a su extremo: desconfianza de todo y de todos. La precisión en las encuestas enfrenta momentos de turbulencia que impiden ver con claridad. Las encuestas hubieran sido mucho más precisas en un ámbito de confianza y serenidad ciudadana. Mientras prive tanta desconfianza, la realidad exige imaginación y creatividad para sortear estos efectos que empañan la visión. Técnicamente es fundamental entender el perfil y motivaciones de todas aquellas personas que rechazan contestar el cuestionario.

Si estoy molesto y enojado, si soy desconfiado o rebelde, rechazo contestar encuestas. En nuestro caso es sensato imaginar hacia donde se inclinan las preferencias de los insatisfechos y los encabronados.

 

2. Sobre simplificación de un fenómeno complejo

Las encuestas son muy útiles para medir lo electoral porque la técnica tiene la misma forma que el fenómeno a dimensionar. Las opciones están predeterminadas y  hay que elegir una de las opciones, a fin de cuentas se trata de responder a un cuestionario de opción múltiple. En general las encuestas nos dicen por quién se inclinan a votar los electores pero muchas veces se quedan cortas en entender el por qué. Es aquí donde se ha desaprovechado mucha información de contexto para realizar un análisis de mayor profundidad sobre los significados de la elección y las motivaciones profundas de los electores. Es aquí donde los métodos cualitativos tienen mucho que decir.

En un encuentro de la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercados y Opinión Pública (AMAI) recuerdo a un amigo periodista erigirse en juez y exigir a las casas encuestadoras que no se anduvieran con rollos y que se limitarán a dar el dato electoral sobre quien iba a ganar la elección. A esta simplificación mediática y a la presión por convertir a los encuestadores en “rock stars” se debe el desperdicio para encontrar mejores respuestas a preguntas complejas.

La medición es limitada sin el componente de la comprensión. Lo primero que hay que entender es la narrativa y el terreno de juego de una elección. Lo cualitativo nos mostró con claridad y sin ambages que esta elección era de Cambio frente a Continuidad, lo cual ponía en una posición extremadamente difícil a Josefina. Cuando ella decide no apostar por el deslinde de FCH, su suerte estaba echada, beneficiando con claridad a AMLO que jugó la carta del cambio verdadero. La recta final se verificó entre dos mensajes de cambio: el de EPN y el de AMLO. El candidato de las izquierdas se erigió como el principal atractor del voto anti priista y del voto de castigo al status quo.

Al concentrarse en medir “la carrera de caballos” las encuestas descuidaron la comprensión de lo que a fin de cuentas se iba a decidir en la elección.

3. Atomización de las emociones sociales

La metodología estadística tiene limitaciones para captar “contagios emocionales” pues una encuesta recoge la opinión de un individuo aislado de sus redes sociales y de su entorno. Mientras tanto, los métodos cualitativos basados en sesiones grupales y en el análisis e interpretación del lenguaje permiten identificar aspectos que escapan a las encuestas como es el caso de los estados de ánimo y las emociones compartidas.

El movimiento Yo soy 132 rompió el hechizo,  sacudió conciencias de los votantes volátiles y catalizó la elección ya no en un referéndum sobre FCH (ese ya estaba perdido) sino que construyó el marco de decisión en una elección de Si o No a EPN y el regreso del PRI a los Pinos.

A pesar de sus tremendos errores políticos y su tendencia autodestructiva AMLO se ve beneficiado por este encuadre perceptual y se erige en la opción antisistema.

El principal problema de la mayoría de las encuestas no fue tanto que se haya sobreestimado al PRI sino que subestimó la profunda inconformidad de segmentos críticos y rebeldes con el status quo.




 
 


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